

Nunca solía confesarme estas cosas, pero evidentemente la cuestión lo superaba; retraido, muy medido en sus palabras esta vez rompió el silencio superando los límites de su paciencia. De tan tonta que resultaba la situación, el tipo no sabía cómo resolver y dar por concluido el tema sin ser grosero. Por momentos se sentía ridículo procurando dar solución a un problema que no existía como tal. Cómo arribar a un desenlace maduro frente a un cúmulo de estupideces carentes de sentido surgidas de la mente desocupada de alguien con quien nunca había dado más trato que un intercambio de palabras, ni siquiera orales sino escritas. Y entonces ensayó una respuesta, tomándose de palabras de otro, porque las suyas parecían carecer de solvencia. Así fue que transcribió un par de estrofas de una canción y como seguramente ignoraba su ritmo, prefirió servirse de las herramientas que da la tecnología y subió el vídeo que a continuación se puede ver y que trata de pintar de cuerpo entero alguna respuesta a su delirio.
Yo no quise lastimarte,
solamente te dije que no,
no estarás acostumbrada
a sentirte rechazada
ok, perdón fue sin querer.
Yo no quise caminarte,
y llegó el momento de correr,
hay que salvar el alma,
pero con calma vas a poder.
Se escuchó solo eso porque la angustia lo cubrió de magma en armonía, rogando clamores profundos, negros y hediondos que son indignos de los demonios de esos que son expulsados por imberbes; entonces sí, aún en lo profundo del quejido sordo no vibró una nota: la imaginación tendió el lazo y atrajo a sí la voz muda del valle; pero fue el silencio de las montañas que disfrazado de ingenuidad me creyó al fin vulnerable y abusó torpemente de mi conciencia cuando sabía que no me iba a resistir: y resultó aunque todavía lo desconozca un vencedor derrotado. Y que paradoja: el silencio de la ciudad que fue mi ansia perfecta de todos los días, me agobia con ausencias presenciales con fluida contradicción que perdurará hasta terminar conmigo.
Es que ¿no es el mismo silencio acá o allá? ¿o sucede que hay niveles de silencio? ¿los hay desbordados de matices pardos que tornan al rojo sangre?; ¿y esos otros que se saborean agrios y cutáneos?; ¿ o aquellos silencios impregnados de aromas sexuales que derrochan sudor de goce reciente son como otros tantos que se irritan hasta perderse en espasmos de más silencios?. Como no confié en el guía y seguí el sendero solo, cauteloso, temeroso, fui cruzando los cerros hasta que logré dar con el peor de todos: el silencio transgresor, ese que debora a su paso ruidos, gritos, estruendos, estallidos, historias, histerias, explosiones, éxtasis. Imaginemos entonces un silencio ruidoso; mucho ruido, solo eso y nada más; imaginemos un silencio ruidoso que se permita concebirse a así mismo como el más loco de los silencios haciendo de sí todo lo contrario; rebelde, incauto, morboso y desesperado por violarse a si mismo.
(Zoológico de Mendoza, sábado 19 de julio de 2008)