lunes, 16 de febrero de 2009

de tapas

Ay! Maldita fiera, cuántos litros de piedra tuve que beber para sostenerme en pie en tu tierra y no volar más allá del deseo de tus falsos conjuros. Qué será de los leales senderos de agua sin sal que soñé en tu mar de sudores esos que ahora me unen y que nos confunden en uno, en dos; aún cuando hace siglos que me ignoras haciéndome vibrar de emoción como ese sol mal parido que me ve nacer cada día y que por eso llora en lluvias calientes: ése quien por la vergüenza del cetro de ira me condena a volver y por eso sigo vivo.

Ojal

Me visto y me desvisto tanto o más que él. Lo ignoré demasiado y desde lo profundo. Por eso se mostró tan cotidiano como pudo, para verme desfallecer ante la magnífica insignificancia. El botón flojo está a punto de caer en ese lugar que para mí es cualquier lugar. Y cuando el final es fatal porque es final; entonces todo se sucede y recuerdo cuando mis dedos torpes sudaban urgencias de otras partes y cuando los tuyos ayudaban a los míos con favores recíprocos obviamente incumplidos. Desprendidos de todo. Olvidados, tirados. Mis dedos, los tuyos también otros y otros. Mis botones, esos que ahora son testigos de ese hálito que pende de un hilo y que está a punto de perderse como muchas veces me perdí sin ellos. Quizás me moví demasiado sin saberlo o quizás forcé uniones que ahora amalgama la nada. Volví a confiar una vez más en que estaba firme, seguro. No. Ese hilo no es el mismo que me unió y para colmo ahora los ojales de firmeza eterna cedieron y no me di cuenta a tiempo. Anduve desabrochado: ignoré que sin mi ojal y sin tu botón no unimos nada. Construí el abandono en mi mente. Cayó el maldito sostenedor subiendo al avión y siguió cayendo envuelto de viento. Ahora vuelo sin retorno porque cayó el avión y las mortajas no se abotonan, lucen galantes en mis segundas nupcias.
Non accontentarti di sopravvivere, devi pretendere di vivere in un mondo migliore, non soltanto sognarlo!