viernes, 22 de febrero de 2008

DISCULPE EL SEÑOR (Joan Manuel Serrat)

En esta jornada dedicada a los fachos, se me viene a la mente la cancion del nano, no qué tiene que ver, pero se me da la gana de postearlo y pegar un fotograma de Chaplin (un enorme de la libertad):

Disculpe el señor, si le interrumpo pero en el recibidor hay un par de pobres que preguntan insistentemente por usted.

No piden limosna, no, ni venden alfombras de lana, tampoco elefantes de ebáno, son pobres que no tienen nada de nada.

No entendí muy bien si "nada que vender" o "nada que perder", pero por lo que parece tiene usted alguna cosa que les pertenece.

¿Quiere que les diga que el señor salió?, ¿que vuelvan mañana en horas de visita?,

¿o, mejor les digo como el señor dice: "Santa Rita...lo que se da no se quita"...?

...se nos llenó de pobres el recibidor, y no paran de llegar desde la retaguardia, por tierra y por mar.

Y como el señor dice que salio y tratándose de una urgencia me han pedido que les indique yo por dónde se va a la despensa, y que Dios se lo pagará.

¿Me da las llaves o los echo? Usted verá que mientras estamos hablando llegan más y más pobres, y siguen llegando.

¿Quiere usted que llame a un guardia y que revise si tienen en regla sus papeles de pobre...?

¿..."Bien me quieres, bien te quiero, no me toques el dinero...? ...pero este asunto va de mal en peor.

Vienen ya millones y curiosamente vienen todos hacia aquí.

Traté de contenerles pero, ya ve, han dado con su paradero.

Estos son los pobres de los que le hablé, le dejo con los caballeros y entiéndase usted.

Si no manda otra cosa me retiraré, si me necesita, llame.

Que Dios le inspire o que Dios le ampare, que ésos no se han enterado que Carlos Marx está muerto y enterrado...

Mediocre

Cuando vale la pena corto y pego, por ejemplo ahora, José Ingenieros dice mucho en cada frase que copiaría y pegaría el libro entero (fanático no?) y ahí va, que lo disfruten:
Individualmente considerada, la mediocridad podrá definirse como una ausencia de características personales que permitan distinguir al individuo en su sociedad. Esta ofrece a todos un mismo fardo de rutinas, prejuicios y domesticidades: Basta reunir cien hombres para que ellos coincidan en lo impersonal.
"Indiferentes" ha llamado Ribbot a los que viven sin que se advierta su existencia.
Cruzan el mundo a hurtadillas, temerosos de que alguien pueda reprocharles esa osadía de existir en vano, como contrabandistas de la vida.
Y lo son. Aunque los hombres carecemos de misión trascendental sobre la tierra, en cuya superficie vivimos tan naturalmente como la rosa y el gusano, nuestra vida no es digna de ser vivida sino cuando la ennoblece algún ideal: los más altos placeres son inherentes a proponerse una perfección y perseguirla. La vida vale por el uso que de ella hacemos, por las obras que realizamos. No ha vivido más el que cuenta más años, sino el que ha sentido mejor un ideal: las canas denuncian la vejez, pero no dicen cuanta juventud la recedió.
La imitación desempeña un papel amplísimo, casi exclusivo, en la formación de la personalidad social; la invención produce, en cambio, las variaciones individuales. Aquella es conservadora y actúa creando hábitos; esta es evolutiva y se desarrolla mediante la imaginación. La diversa adaptación de cada individuo a su medio depende del equilibrio entre lo que imita y lo que inventa.
El predominio de la variación determina la originalidad. Variar es ser alguien, diferenciarse es tener un carácter propio, un penacho, grande o pequeño: emblema, al fin, de que no se vive como simple reflejo de los demás. La función capital del hombre mediocre es la paciencia imitativa; la del hombre superior es la imaginación creadora. El mediocre aspira a confundirse en los que le rodean: el original tiende a diferenciarse de ellos. Mientras el uno se concreta a pensar con la cabeza de la sociedad, el otro aspira a pensar con la propia. En ello estriba la desconfianza que suele rodear a los caracteres originales: nada parece tan peligroso como un hombre que aspira a pensar con su cabeza.
¿La continuidad de la vida social sería posible sin esa compacta masa de hombres puramente imitativos, capaces de conservar los hábitos rutinarios que la sociedad les trasfunde mediante la educación? El mediocre no inventa nada, no crea, no empuja, no rompe, no engendra; pero, en cambio, custodia celosamente la armazón de automatismos, prejuicios y dogmas acumulados durante siglos. Su rencor a los creadores compénsase por su resistencia a los destructores. Los hombres sin ideales desempeñan en la historia humana el mismo papel que la herencia en la evolución biológica: conservan y transmiten las variaciones útiles para la continuidad del grupo social.
Sin los mediocres no habría estabilidad en las sociedades; pero sin los superiores no puede concebirse el progreso pues la civilización sería inexplicable en una raza constituida por hombres sin iniciativa. Evolucionar es variar; solamente se varía mediante la invención.
Son la minoría, éstos; pero son levaduras de mayorías venideras. Las rutinas defendidas hoy por los mediocres son simples glosas colectivas de ideales, concebidas ayer por hombres originales. El grueso del rebaño social va ocupando, a paso de tortuga, las posiciones atrevidamente conquistadas mucho antes por sus centinelas perdidos en la distancia; y estos ya están muy lejos cuando la masa cree asentar el paso a su retaguardia. Lo que ayer fue ideal contra una rutina, será mañana rutina, a su vez, contra otro ideal. Indefinidamente, porque la perfectibilidad es indefinida
. (de "El hombre mediocre", José Ingenieros)

martes, 19 de febrero de 2008

Seguro que te vas a morir / El Abad también es humano

Me invitaron a enumerar 8 cosas que uno desearía hacer antes de morir; definitivamente no voy a hacerle caso a todo el reglamento, pero se me dió por preguntarle al Abad Giuseppe y desde su eterno lecho de muerte me replicó primero en latín y después en sánscrito lo siguiente:

Sentir (y sentir) que mis retoños dan frutos.
Pisar el pueblo de Rosolini, provincia de Siracusa, región de Sicilia, Italia.
Respirar, vibrar y gritar el aire de mi montaña.
Volar de todas las formas posibles y en todos los sentidos.
Acomodar las brasas que me esperan en el futuro.
Poder decir acabadamente: Confieso que he vivido y a mi manera ©Neruda y P.Anka.
Vivir un día más (pedir no cuesta nada).
Besar y decir adiós.


Vibró de emoción.Y calló. Y después me pidió que lo acompañe al baño porque se estaba cagando.


lunes, 18 de febrero de 2008

Cuando el sol no tiene suerte (Ja!)

Un astro y, en particular, el Sol, está en el ocaso cuando atraviesa el plano del horizonte y pasa de nuestro hemisferio visible al no visible. Es decir, cuando su altura es cero, pasando de positiva a negativa. En el caso del Sol, ello determina el fin del día. El antónimo de ocaso es orto (o alba).
Las estrellas circumpolares no tienen ocaso ni orto.
Con el
transcurso del año, el Sol va cambiando el lugar por donde se pone. En los equinoccios se pone por el oeste, siendo los dos únicos días del año que sucede este fenómeno.
En
primavera y verano para el hemisferio norte se pone entre el oeste y el norte (declinación positiva); en otoño e invierno su ocaso es entre el oeste y el sur (declinación negativa). Simultáneamente, para el hemisferio sur es otoño e invierno (ocaso entre el oeste y el norte) o primavera y verano (ocaso entre el oeste y el sur).La refracción por la atmósfera de los rayos luminosos del Sol motiva que veamos luz cuando el Sol ya se ha puesto: crepúsculo vespertino. Dicha refracción alarga el día y acorta la noche.
Medido desde el
mediodía, el ocaso se caracteriza por un ángulo horario H, donde
cos(H) = -tan(F) * tan(D)
siendo F la
latitud del lugar y D la declinación solar. El orto ocurre a un ángulo horario -H. (Fuente http://es.wikipedia.org/wiki/Atardecer)

Non accontentarti di sopravvivere, devi pretendere di vivere in un mondo migliore, non soltanto sognarlo!