Un mal regalo con opción a cambio es una buena oportunidad para zambullirme en algunas de las plásticas, prolijas y perfeccionistas librerías-cadena que se reproducen con desconcertante similitud casi en los mismos NO-LUGARES, en las mismas ubicaciones de los escaparates, repisas y publicidades ya sea en el Shopping Abasto de Baires, en el Alto Rosario o en el Palmares de Mendoza. Aún cuando todo se muestra durito y previsible, no puedo dejar de imaginarme un montón de ideas impresas pidiendo a gritos, con los brazos alzados: acá estamos! llévennos! somos los del medio virtual!. Fue así que el sábado por ala tarde descubrí un librito de
Antropología que me entusiasmó y que por decisión inconsulta quiero compartir algunos conceptos con vosotros. El libro se llama
Los no-lugares. Espacios del anonimato [Gedisa, Barcelona, 1993], y es de Marc Augé, profesor de antropología y etnología de l'Ecole des Hautes Études en Science Sociales de París. Esto de proponerme sondear en estos temas me trajo a colación la época en que Amiel me (nos) enseñaba nociones de Antropología Filosófica dentro de la Cátedra de Filosofía II allá por 1987 (vine al caso, pero fuera de contexto, ja!). Don Marc Augé 'Ciertos lugares no existen sino por las palabras que los evocan' y alguien dice que Luis Alberto Spinetta dijo que 'Ningún lugar de hecho es bueno, cuando nadie

está'. En su libro el franchute Augé escribe: 'Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un
no lugar'. Un
no lugar puede ser un aeropuerto, una sala de espera de un hospital, una autopista, un cajero automático, un club de vacaciones, un hipermercado, un foro virtual, los medios de transporte habitual o la casilla de comentarios de un blog. Los
no-lugares están llenos de textos, de señales, de folletos, de marcas que hacen relativamente innecesaria una relación estrecha entre las personas. Éstas dialogan con los textos que hacen el
no lugar, o con máquinas que dan indicaciones precisas y explícitas. Esos textos-paisaje son productores de soledad porque se dirigen a millones de potenciales lectores, sin dirigirse a ninguno en particular. Un
no lugar convierte a la persona en mero elemento de conjuntos que se forman y deshacen al azar. Bueno, no a todos les importa esto del
no-lugar: a mi sí. Y a propósito de lugares buscados-perdidos Andres Calamaro escribe
"Estoy cansado de buscar, Algún lugar encontrare, Estoy mal herido, Estuve sin saber qué hacer, En algún lugar, te espero. Estoy cansado de esperar, Pero igual, igual no tengo a dónde ir; Ayer la tormenta Casi me rompe el corazón Pero igual, te quiero." por otro lado dice "Perdí la noción del tiempo y del lugar, No sé ni donde tengo la nariz. Será que las cosas No vuelven a mismo lugar Pero igual te espero, En algún lugar, te espero."