Arde el hielo en el vaso de humo. Sostengo su masa con las pocas fuerzas que me quedan, sobrecarga de flujos. Pesa como la suma de mil glaciares encendidos navegando al cadalso del mar profundo. No tolero más la recurrencia del falso suicida y dejo caer indiferente ese frio estado de la materia, uno tras otro ahogan deformidades. Entonces -abusando de su ignorancia, de su inocencia- enciendo la licuadora a mil y en cuestión de segundos logro el mejor batido!sábado, 6 de diciembre de 2008
final irreversible
Arde el hielo en el vaso de humo. Sostengo su masa con las pocas fuerzas que me quedan, sobrecarga de flujos. Pesa como la suma de mil glaciares encendidos navegando al cadalso del mar profundo. No tolero más la recurrencia del falso suicida y dejo caer indiferente ese frio estado de la materia, uno tras otro ahogan deformidades. Entonces -abusando de su ignorancia, de su inocencia- enciendo la licuadora a mil y en cuestión de segundos logro el mejor batido!viernes, 5 de diciembre de 2008
martes, 25 de noviembre de 2008
Muriendo un 25
Cada uno de todos los días del año de todos los años que transito puede ser recordado como el día de mi muerte, mientras no lo viva y le quite oportunidades al final. Es como que cada día que pasa la muerte pierde una chance de hacerme suya y esa frustración la hace más irascible. Me puedo morir un 25 de noviembre de uno, dos, doce, veinte, pero no cien años. Será el 2009, 2010, 2020, 2028, pero no será en el 2108. Me pude morir este 25 de noviembre desde que empezó el día o también lo pude hacer en cualquiera de esos cuarentitrés 25 de noviembres anteriores. No me morí el 24 de noviembre de 2008, ni siquiera el 25 de noviembre del 2008 a las 20 horas. Me puedo morir todavía este 25 de noviembre y para eso la muerte se tiene que apurar porque le quedan menos de cuatro horas. Vengo practicando hace ya más de veinte años un asesinato con la fuerza de la mente pero no me sale; y eso que más de varios me han advertido que no le desee la muerte a nadie; será que no es mi fuerte acabar con la existencia de los demás por medio de la telequinesis pero parece ser que con otros funciona sino tendría que considerar estériles las recomendaciones de mis amigos para no forzar mis malos pensamientos. No prometo volver a intentarlo. Creo que disfruta conmigo viéndome desearla, deseársela o deseármela. Cuando sonríe, me preocupo. Cuando llora, la gozo. El día que llore y goce con ella, no estaré para contarlo.miércoles, 19 de noviembre de 2008
Reflexiones lácteas
martes, 11 de noviembre de 2008
Intimidades de una rata enamorada (traiciones de un psicólogo ratón)
jueves, 6 de noviembre de 2008
miércoles, 22 de octubre de 2008
DISTORSIONES TEMPORALES
Y trasciende el tiempo la vida la puerta la mano el amor (todo junto, así, sin comas que los condicionen). Y derriba el reloj la muerte la pared el vacio el odio (condenados a permanecer unidos). Y abre paso a su paso cegado por su ímpetu, inconciente, salado, avasallante, rojo, irrumpe imprevisible y no concibe límites. Llega entonces por fin, se monta en el futuro y cabalga con furia y desenfreno propios del jinete apasionado por domar la más salvaje de las bestias. He ahí toda su argucia, sus dones, sus dotes, su empeño y su imaginación para que el fluir de las horas no sea más que un pícaro guiño de aprobación. Esa avanlancha de euforias encontradas paradojicamente detiene al mundo; disfruta el placer del placer y vuelve a arrancar pero ahora el devenir no fluye descontrolado solo respeta el compás del ansiado ritual. ¿Será contradicción o contrasentido a contramano por contratiempo a contrarreloj? (Este último interrogante absurdo no va, debería tacharlo, pero sucede que este blog no desanda sus palabras así que solo me resta implorar que no lean lo que no quise escribir!; quizás esas contras sean interrogantes que contradicen contraindicaciones!!)miércoles, 15 de octubre de 2008
rompió el dique justo conmigo, pobre loco !
Nunca solía confesarme estas cosas, pero evidentemente la cuestión lo superaba; retraido, muy medido en sus palabras esta vez rompió el silencio superando los límites de su paciencia. De tan tonta que resultaba la situación, el tipo no sabía cómo resolver y dar por concluido el tema sin ser grosero. Por momentos se sentía ridículo procurando dar solución a un problema que no existía como tal. Cómo arribar a un desenlace maduro frente a un cúmulo de estupideces carentes de sentido surgidas de la mente desocupada de alguien con quien nunca había dado más trato que un intercambio de palabras, ni siquiera orales sino escritas. Y entonces ensayó una respuesta, tomándose de palabras de otro, porque las suyas parecían carecer de solvencia. Así fue que transcribió un par de estrofas de una canción y como seguramente ignoraba su ritmo, prefirió servirse de las herramientas que da la tecnología y subió el vídeo que a continuación se puede ver y que trata de pintar de cuerpo entero alguna respuesta a su delirio.
Yo no quise lastimarte,
solamente te dije que no,
no estarás acostumbrada
a sentirte rechazada
ok, perdón fue sin querer.
Yo no quise caminarte,
y llegó el momento de correr,
hay que salvar el alma,
pero con calma vas a poder.
miércoles, 8 de octubre de 2008
Kippur yon / Perdón del día
Como aquel avaro del mercado, retaceé los trozos de los mejores sueños y los oculté de mí en lo más íntimo del corazón: ese lugar al que no accedo tan fácilmente –diría- bisiestamente. Para no tentarme me predispuse a dormir contra la voluntad acérrima de mis desvelos que pugnaban torpes por ganar el mejor lugar, la mejor ubicación en mi estado de ansiedad partida.
Tras penosas vueltas y grotescos revuelcos remonté imaginariamente la noche pero dormí inquieto. Dormí inquieto. E intentando explicar lo absurdo ensayé ser víctima pero no fui convincente ni siquiera conmigo, así: no fue solo ese azul oscuro obligado que solía matarme día a día, señalado por la obviedad que marca el sino de mal agüero excepto por la anunciación del ángel negro que pregona la muerte diaria del lucero tiñiendo de falso rojo el paño. Y volví a dormir inquieto; destellos amarillos, dorados pintaron mi letargo forzoso. Por más que juré a quien sabe quién y por cuánto, tanto: nada. Y las horas -antes secuenciales- perdieron su orden e ignoraron mi plegaria suicida. No logré unir esos vestigios de oniro como aquel avaro; entonces remonté los fragmentos y seguí buscando. Muchos de mis sueños llegaron a destinos inconclusos, inseguros de llevar una vida ajustada como las demás. Entonces desperté obsesionado por blandir el mástil de la desesperanza y mantenerla en alto hasta la agonía del viernes cuando impertinente, prepotente renació el optimismo. A eso me avoqué con la misma amargura inexistente y a veces robada a otros; desesperado buscando el llanto distante, solo y destellante como aquel arbusto navideño que aún subsiste a la vera del camino a El Colorado como hace -por lo menos- tres años.
Lamento reconocer que en mi afán por sostener una actitud doliente me esforcé cuanto pude por caer en la desdicha, en la desesperanza que motiva el vacìo, pero brevemente fui feliz. Otra vez será.

