sábado, 4 de agosto de 2007

El Truman show y los realitys

Tras ser calificados de experimento sociológico por una presentadora empeñada en acreditarles algún tipo de coartada intelectual, los reality shows pasaron a constituirse al momento como lo que realmente eran, la nueva forma de ficción de nuestros días. La aparente libertad de la que presume la telerrealidad no es más que parte de un guión en el que se ha previsto hasta la posibilidad más remota antes de que esta suceda. Eso es lo que ocurre con En el show de Truman, en el que Jim Carrey protagoniza su propio programa de televisión, como una versión extrema de una soap opera a tiempo real. Truman, aunque no busque los 15 minutos de fama de los que hablaba el aforismo warholiano y que sí imploran los concursantes de cualquier reality, es presentado exactamente de la misma manera que ellos, como un paria del siglo XXI, que nosotros, desde fuera, contemplamos con una mezcla de condescendencia y burla. En este sentido el juego de espejos de la película no es tanto la paranoia de que cualquiera de nosotros podría ser Truman, como la de que todos ya somos esos espectadores enganchados a la vida de otro. El show de Truman viene a representarnos como yonkis, adictos a las historias ajenas, incapaces de pasar sin la dosis correspondiente para aplacar el mono. Al final de la película cuando Truman encuentra una puerta, entre tanto cartón-piedra, por la que escapar, lo que se nos enseña realmente es que si ninguna ficción puede sobrevivir a la rebelión de su personaje central, mucho menos puede hacerlo frente a nuestra decisión de apagar el televisor.


( artículo hurtado descaradamente de http: //ysiestaveztequedaras.wordpress.com/ )

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