lunes, 20 de agosto de 2007

SI ME DICES QUE SÍ, PIÉNSALO DOS VECES.

Si por casualidad se topa conmigo vaya sabiendo que hay algunos errores en el sistema que ni reseteándome se van a borrar: No recuerdo nunca en qué lugar estaciono el auto cuando voy a un centro comercial o a playas de estacionamiento en donde quepan más de 20 vehículos; A veces lo peor es que me olvido donde está el estacionamiento!! Desconozco visceralmente cuál es la derecha y cuál la izquierda: cuando el mundo deja de ir para adelante, mi sentido de la desorientación profundamente desarrollado y a esta altura sin retorno indica básicamente un “para acá” o un “para allá”. Puedo comprar el mundo y llegar a la caja sin un peso o sin la tarjeta. No puedo leer manuales que expliquen el funcionamiento de cualquier electronic, hometheatre, celular, microondas, nevera o afeitadora, cuando están redactados en portugués, ingles, chino o sánscrito y mucho menos si están en español; ni qué hablar de las condiciones de la garantía o de la nómina de los domicilios teléfonos y horarios de atención servicios técnicos disponibles en Taiwán, Xihuatanejo o Siracusa. Nunca me acuerdo del nombre de los padres, de los hijos ni de los espíritus santos de mis amigos, mucho menos de esa trinidad de mis compañeros y ni que hablar de mis enemigos. Ante esta patología resuelvo defenderme así: Por los viejos, no pregunto (por las dudas de que se hayan muerto sin enterarme); por los hijos, pregunto “que tal esa cría?” (es un genérico de sexo y cantidad: vale tanto si es nena o nene o si es uno o miles) , “y tus chicos?”, deben estar grandes! (cuando hay ciertos datos básicos que rumbean a una respuesta lógica); y por los espíritus santos dependerá si la última vez que los vi estaban acompañados por brujas, perras o parkas. No puedo leer un libro que supere las 200 páginas y si pasa ese límite está condenado a ser leido en por lo menos un año. No puedo leer novelas, solamente cuentos. Las novelas que sean rigurosamente admitidas a mi lectura, resignarán a ser desglosadas en decenas de capítulos a mi criterio. No puedo ver pelis que duren más de 120 minutos. Lo más importante en la elección de un DVD o una cartelera de cine es su duración, después vendrán el contenido, los protagonistas, el director, el idioma, etc. No puedo cruzar un puente que tenga menos de 54,68 yardas de ancho, sin sentir que desparramo por el suelo y caigo al vacío arrastrado por la correntada de agua y hielo, o de lava ardiente mezclada con cenizas o de basura y afluentes. No espero parado como un idiota más de tres minutos en la entrada de un restaurante, pizzería, macdonal, ya sea que vaya solo o acompañado (bien o mal). No me gusta que me sirvan café en pocillo roto, cucharita sucia ni azúcar húmeda, ni que se mueva la mesita del bar donde me siento a comer. No me gusta el asado de carne jugosa. ( Algunas recomendaciones al momento de elegir - Dirección de Defensa al Consumidor )

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