

mucho más que alcohol: los polifenoles y aldehídos de las uvas son compuestos naturales del proceso de elaboración, pero los agregados de sulfitos y saborizantes, aromatizantes, colorantes, etc., de los licores, por ejemplo, no son inocentes. Ingredientes congénitos- de mismo origen- combinados entres sí pueden hacer que estalle la cabeza y maldecir hasta la más divertida noche anterior. La deshidratación causada por el alcohol y esa bomba que se arma, por decir, entre champagne, vino tinto, whisky o algún licorcito, produce una resaca peor que varias vodkas o piscos sour antes de una comida con vinos. Contraatacar con Bloody Mary da buen resultado a los más duchos. Será porque el jugo de tomate y la vodka se llevan bien. Los cítricos, con su azúcar natural y vitamina C, son un probable antídoto. Pero con malestares digestivos conviene un licuado suave de melón, manzana y zanahoria, o de manzana y pera. Este cóctel es delicioso y realmente desalterante: jugos de remolacha, zanahoria, manzana, apio y pepino, mezclados en la proporción preferida, más ralladuras de jengibre fresco: mágico. La raíz de diente de León (sucedáneo el café), medicina natural de las más antiguas, y otras hiervas diaforéticas- que provocan sudoración- son la solución de los naturistas extraviados. Lo mismo provoca el sauna, sobre todo el seco. Ya de madrugada, los gourmands incorregibles se sanan con un desayuno rich: jamón, huevos, tostadas con manteca y café fuerte. Consejo preventivo: ante la perspectiva de una libación importante de vino beber antes bastante agua.
Aveces la aventura de bucear en los orígenes de la filosofía nos arrastra impiadosamente a una verdad que nunca hubiéramos conocer:
I. ANIMAL DE COSTUMBRE. Hoy NO suena el despertador, pero el maldito reloj biológico me abre los faros SIEMPRE a la misma hora, salvo circunstancias ajenas a la voluntad, caso fortuito o fuerza mayor, o compromisos asumidos con anterioridad que impidieron, bla... , bla, bla…
saca de la vitrina? (esto hace que tenga que conseguir otro vendedor inútil que tenga la llave de la traba puerta de la vitrina y además esté capacitado para leer el código para desactivar la alarma). El Señor V.I. omite mi intención y me lleva hasta una PC y me inquiere: como lo voy a pagar, que tarjeta de crédito, cuantas cuotas, DNI, etc. Yo lo dejo hacer. Imprime la orden de compra (¿?).“Pará, pará” al S.V.I. repito Señor.V.I.: “quiero ese MP3, me lo saca de la vitrina?” “Quiero llevar DOS pero primero me los mostrás?”
III. ALGO EN COMUN. Ayer charlaba por celu con el PELA que está afuera del país por viaje de negocios. Qué vida la del PELA! Y de ahí devine en un delirio sobre Los PELAs que cuando tenga algo de coherencia lo voy a publicar.
Tras ser calificados de experimento sociológico por una presentadora empeñada en acreditarles algún tipo de coartada intelectual, los reality shows pasaron a constituirse al momento como lo que realmente eran, la nueva forma de ficción de nuestros días. La aparente libertad de la que presume la telerrealidad no es más que parte de un guión en el que se ha previsto hasta la posibilidad más remota antes de que esta suceda. Eso es lo que ocurre con En el show de Truman, en el que Jim Carrey protagoniza su propio programa de televisión, como una versión extrema de una soap opera a tiempo real. Truman, aunque no busque los 15 minutos de fama de los que hablaba el aforismo warholiano y que sí imploran los concursantes de cualquier reality, es presentado exactamente de la misma manera que ellos, como un paria del siglo XXI, que nosotros, desde fuera, contemplamos con una mezcla de condescendencia y burla. En este sentido el juego de espejos de la película no es tanto la paranoia de que cualquiera de nosotros podría ser Truman, como la de que todos ya somos esos espectadores enganchados a la vida de otro. El show de Truman viene a representarnos como yonkis, adictos a las historias ajenas, incapaces de pasar sin la dosis correspondiente para aplacar el mono. Al final de la película cuando Truman encuentra una puerta, entre tanto cartón-piedra, por la que escapar, lo que se nos enseña realmente es que si ninguna ficción puede sobrevivir a la rebelión de su personaje central, mucho menos puede hacerlo frente a nuestra decisión de apagar el televisor.
Consoli (guardián de la plaza) y Doña Emilia;
Don Paulino (ex comisario) y Elvira; Doña Eufrasia y Don Cayetano (carpintero); Don Ramón, Juanico y Ramoncito; Doña Blanca; Ricardo, el Oficial Cinchi (bombero) y la mujer; el Vidriero; El Rata (diariero); Doña Rosa y Rosita; Don Domingo y Doña María; Don Funes, su mujer, Carina y su hermanita; Enrique y Yoli; Doña Cáceres; Doña Stangalino; Doña Mafalda (curandera); Doña Ercilia (uruguaya y almacenera) y Don Antonio; Don Cerantola (proveedor de querosene) y más.
después mejorado; el
baldío de la esquina de Santa Fe y Colombia; la casa abandonada de Santa Fe y Ecuador; la casa en construcción del vidriero. 
Lorenzo, a veces hasta Avenida Córdoba; al Oeste: Méjico o hasta Brasil; al Sur: Mendoza; al Este: Avenida Provincias Unidas.