martes, 26 de mayo de 2009
Suelto ese sueño porque no es el mío.
miércoles, 15 de abril de 2009
Se nos está yendo Massera (o Cómo se prepara el obituario de un reverendo hijo de puta)
“Infinitos puntos, infinitos planos, infinitas rectas“ decía la Farías mientras impartía desde los claustros del Proceso una matemática lavada que no incluía profundizar en los conjuntos y subconjuntos que después supimos podrían llegar a ser interpretados como estructuras subversivas; o cuando la Hormiga que nos daba Merceología con la misma excitación de un orgasmo omitía mencionar las células madre para no confundirlas con las células terroristas; o cómo olvidar al grandísimo profesor de Derecho Dr. Francisco Casiello cuando festejaba sin reservas a aquél alumnito prolijito que acertaba al mencionar a la Comisión de Asesoramiento Legislativo (esa junta de soldados borrachos que reemplazó la corruptela libertina de la Legislatura nacional); y podría mencionar decenas de malos ejemplos de mis años procesistas en la secundaria.
Esta tarde entro en la web y me entero que uno de esos señores que guiaron el sentir patriótico salvaguardando el ser nacional está –al fin- por cagar la fruta. Y lo malo es que me alegro. Como no quiero injuriarlo muerto, me apuro a expresarle mi más repudiable recuerdo y quedar a la espera de que por lo menos el ciclo evolutivo de la vida los vaya sacando de esta tierra para no respirar el mismo aire.
Por lo demás, me siento a esperar en breve a leer, ver y escuchar cómo los medios reflejarán el deceso del ex almirante. Reírme o indignarme (espero que como muchos que tenemos algunos años) del tratamiento que le darán muchas de esas empresas periodísticas que supieron adular, festejar, asentir, censurar, felicitar, agraciar, potenciar, complotar, etc. en su nombre.
A modo de bonus track seguidamente adiciono algún texto que sale publicado en hasta hoy http://es.wikipedia.org/wiki/Emilio_Massera y espero que pronto se complete la biografía.
Massera se separó del gobierno el 16 de septiembre de 1978, cuando aun le faltaban dos años para terminar su Comandancia para dedicarse a la política. Tras el fin de la dictadura, fue investigado por el organismo creado ad hoc específicamente encargado de la instrucción sobre la guerra sucia y el terrorismo de Estado, la CONADEP; el 16 de enero de 1983, se presenta como candidato a Presidente de la Nación por el Partido para la Democracia Social, pero el 21 de junio del mismo año es detenido por el Juez Federal Oscar Mario Salvi por la presunta participación en la desaparición del empresario Fernando Branca, con lo que fue así imposibilitado para participar de la contienda electoral. El 22 de abril de 1985 fue juzgado por violaciones a los derechos humanos, asesinato, tortura y privación ilegal de la libertad, y condenado a prisión perpetua y pérdida del grado militar por los siguientes delitos: 3 homicidios, 12 tormentos, 69 privaciones ilegales de libertad, y 7 robos. Sin embargo, el 29 de diciembre de 1990 fue indultado por el entonces presidente Carlos Saúl Menem, y recuperó la libertad hasta 1998, cuando fue nuevamente puesto en prisión preventiva por causas relativas al secuestro y denegación de identidad a menores durante su gobierno. La orden dictada por la juez María Servini de Cubría se basaba en que la apropiación de menores y los restantes cargos imputados están considerados delitos contra la humanidad, por lo que no son pasibles de prescripción.
En 2001 el juez federal Gabriel Cavallo declaro anticonstitucionales las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que habían paralizado los juicios contra militares de rango inferior al de coronel durante los 15 años anteriores. En 2002, tras el estallido de un aneurisma cerebrovascular, fue ingresado al Hospital Militar Central de Buenos Aires. Las secuelas del mismo llevaron a que el 17 de marzo de 2005 fuese declarado incapaz por demencia, y se suspendieran las causas en su contra.
http://www.criticadigital.com.ar/index.php?secc=nota&nid=21815
El represor y jerarca de la última dictadura militar, Emilio Eduardo Massera, fue internado en el Hospital Naval al padecer ciertas dificultades cardíacas. Ahora su familia espera los resultados de nuevos estudios.
jueves, 2 de abril de 2009
ostentando sublime majestad
Siempre fantaseó con la idea de salir en los medios aunque más no fuera detrás del arco gritando un gol de media cancha, de mozo en Las Cuartetas o de extr
a en una escena de Sol de Otoño. La timidez le jugó invariablemente malas pasadas. No era capaz de articular una frase de corrido y menos aún de controlar el tartamudeo en todos los exámenes. Algunos dicen hicieron falta varios estímulos para empujarlo a su ganado y mantenido amor. La cuestión es que los acontecimientos se precipitaron y él milagrosamente estaba ahí: es como si el oráculo lo hubiera señalado, empujado con el índice despertando su pequeño destino y pidiéndole que solo supiera interpretarlo. Envuelto de ansiedad y saciedad esa noche aceptó compartir la cena con los padres de su novia. Todo transcurrió afablemente, podría decirse que ostentando sublime majestad. Aún así, para no mermar en su tibieza y haciendo como podía camino al andar, prefirió volver esa noche a su casa en micro por lo que guardó la moto en el garaje junto al auto de su suegro. Se despidió de Yami como si se fuera a la guerra; besos, lágrimas y mocos; y más mocos. Todos sabían dónde, cómo y porqué iba a estar. La rutina de sus funciones no pasaba por pernoctar en su hogar, pero algún amigo con influencias le permitió alterar el orden de ese día. Llegó a su departamento y revisó una y otra vez el uniforme. Impecable. Su madre asumió como propia la responsabilidad por cada arruga impertinente, cada botón sin brillo o la martingala desajustada y el juicio de la historia. Aún con la tranquilidad del apoyo materno no durmió bien. Sed, hambre, ansiedad, calor, frio: todo y las horas que nunca pasaban. Primero un jugo, una manzana, un yogur. Fasos y birra. Hasta que se desplomó por casi una hora: eso no fue dormir. No descansó bien, para nada. Esa mañana le habló a su espejo más que siempre pero no lo convenció. Ducha larga y pensativa. Toallón y rápido a enfundarse de gala. No había cabello para peinar ni barba que rasurar. Todo parecía en orden. Besos mil. Se fue en auto con su padre hasta el primer control. El visado de rutina y seguridad. La credencial bailaba en su bolsillo mientras que impertinencia de un recuerdo tonto lo atacó transitando los interminables pasillos del majestuoso edificio. Sonrió involuntariamente cuando recordó por primera vez del regalito que Yami le había puesto en su mochila la noche anterior: un slip blanco, chiquitito, más que sugerente destinado a protagonizar la gala. Volvió a reír se acordó que atropelladamente se desvistió esa misma mañana para llevarlo con el mismo orgullo que su uniforme. Los nervios seguían haciéndose sentir cuanto más se acercaba al salón principal. Más controles y más órdenes expresas de no abandonar la custodia bajo ningún motivo y hasta nuevo aviso. Nervios y sudores involuntarios. Ahí estaba él, ese granadero recio, esculturalmente impávido, inmutable que tenía la misión, el orgullo, el honor entre unos pocos elegidos de custodiar el féretro del ex presidente en la impresionante capilla ardiente. Nervios por todos lados haciéndole estragos. Se abrieron las puertas del salón para el ingreso de los familiares y amigos más cercanos del muerto. Más nervios. Detrás de esa gente llegarían los flashes que tanto esperó para retratar cien y mil veces la escena del difunto y sus custodios de la patria. No pudo ser para él. Una fuerza incontenible avanzaba desde más allá de sus entrañas. En cuestión de segundos el inmaculado calzoncillo estalló en un avasallante torrente de sentimientos gástricos que no hicieron más que doblegar en retorcijones infinitos a su portador para escándalo de la sala. No consta -hasta el momento de redactar esta crónica- si algún fotógrafo capturó la escena. Gloria al granadero caído en desgracia.
a en una escena de Sol de Otoño. La timidez le jugó invariablemente malas pasadas. No era capaz de articular una frase de corrido y menos aún de controlar el tartamudeo en todos los exámenes. Algunos dicen hicieron falta varios estímulos para empujarlo a su ganado y mantenido amor. La cuestión es que los acontecimientos se precipitaron y él milagrosamente estaba ahí: es como si el oráculo lo hubiera señalado, empujado con el índice despertando su pequeño destino y pidiéndole que solo supiera interpretarlo. Envuelto de ansiedad y saciedad esa noche aceptó compartir la cena con los padres de su novia. Todo transcurrió afablemente, podría decirse que ostentando sublime majestad. Aún así, para no mermar en su tibieza y haciendo como podía camino al andar, prefirió volver esa noche a su casa en micro por lo que guardó la moto en el garaje junto al auto de su suegro. Se despidió de Yami como si se fuera a la guerra; besos, lágrimas y mocos; y más mocos. Todos sabían dónde, cómo y porqué iba a estar. La rutina de sus funciones no pasaba por pernoctar en su hogar, pero algún amigo con influencias le permitió alterar el orden de ese día. Llegó a su departamento y revisó una y otra vez el uniforme. Impecable. Su madre asumió como propia la responsabilidad por cada arruga impertinente, cada botón sin brillo o la martingala desajustada y el juicio de la historia. Aún con la tranquilidad del apoyo materno no durmió bien. Sed, hambre, ansiedad, calor, frio: todo y las horas que nunca pasaban. Primero un jugo, una manzana, un yogur. Fasos y birra. Hasta que se desplomó por casi una hora: eso no fue dormir. No descansó bien, para nada. Esa mañana le habló a su espejo más que siempre pero no lo convenció. Ducha larga y pensativa. Toallón y rápido a enfundarse de gala. No había cabello para peinar ni barba que rasurar. Todo parecía en orden. Besos mil. Se fue en auto con su padre hasta el primer control. El visado de rutina y seguridad. La credencial bailaba en su bolsillo mientras que impertinencia de un recuerdo tonto lo atacó transitando los interminables pasillos del majestuoso edificio. Sonrió involuntariamente cuando recordó por primera vez del regalito que Yami le había puesto en su mochila la noche anterior: un slip blanco, chiquitito, más que sugerente destinado a protagonizar la gala. Volvió a reír se acordó que atropelladamente se desvistió esa misma mañana para llevarlo con el mismo orgullo que su uniforme. Los nervios seguían haciéndose sentir cuanto más se acercaba al salón principal. Más controles y más órdenes expresas de no abandonar la custodia bajo ningún motivo y hasta nuevo aviso. Nervios y sudores involuntarios. Ahí estaba él, ese granadero recio, esculturalmente impávido, inmutable que tenía la misión, el orgullo, el honor entre unos pocos elegidos de custodiar el féretro del ex presidente en la impresionante capilla ardiente. Nervios por todos lados haciéndole estragos. Se abrieron las puertas del salón para el ingreso de los familiares y amigos más cercanos del muerto. Más nervios. Detrás de esa gente llegarían los flashes que tanto esperó para retratar cien y mil veces la escena del difunto y sus custodios de la patria. No pudo ser para él. Una fuerza incontenible avanzaba desde más allá de sus entrañas. En cuestión de segundos el inmaculado calzoncillo estalló en un avasallante torrente de sentimientos gástricos que no hicieron más que doblegar en retorcijones infinitos a su portador para escándalo de la sala. No consta -hasta el momento de redactar esta crónica- si algún fotógrafo capturó la escena. Gloria al granadero caído en desgracia.miércoles, 1 de abril de 2009
te amo, te odio, dame más
Pero no se tenía que morir primero Sandro? Parece que no. El pulso social argento reclamaba para hoy un muerto así. Hace tiempo que gran parte de la sociedad no siente este sacudón de memoria que unido al pasado 24 de marzo y anunciando este inmediato 2 de abril desembocará en otra semana santa con recurrencias similares. No puedo dejar de asociarlo a esa semana negra de la suprema muerte y los interminables funerales, la cureña, insoportable música sacra y demás ritos colmados de fatalismo agobiante de aquellos días de julio del 74 y yo con casi 10 años y recuerdos de un dolor ajeno pero contagioso. Formamos parte de una sociedad paraonica que reclama de los mitos, que necesita volcar todos sus miedos y angustias, euforias y loas desmedidas. A partir de allí construye su identidad. Somos esto, no pretendan cambiarnos. Por eso nos avergonzamos de la goleada de Bolivia o nos exhaltamos por la estúpida victoria frente a una Venezuela beisbolista. Salvo algún exceso terminal de algún rockero, bailantero o futbolero que nunca falta, no vamos a disfrutar de otro luto colectivo por años! Exquisitos cadáveres llenarán de glamour el calendario próximamente y faltará la anfitriona de los mediodías.
lunes, 16 de marzo de 2009
impresiones digitales
Sacá tu mano de mi pierna pero no saques tu pierna de mi mano.
Dejá que el sex(t)o tra(n)vía se pierda esta noche en la confusión de los rieles que frecuentan tus burdas mentiras: apagué tu voz para disfrutar la música.
Aún no te diste cuenta que tus piernas no tienen rumbo sin mis manos? Son estériles tu boca, tu manto y tu sombra porque lo infinito de tus celos lo culpa todo y con todo se estremece mi triste inocencia en esos baños oscuros de infatigable pesadumbre. Mis manos se empecinan en tus piernas, porqué? Ja, ja, ja! Ahora creés que me entierras con placer y deliras cuando acabo, cubierto de filosas notas de dolor. Una pierna tuya no es nada sin mis manos! No comprendes que soy yo quien te invade desaforadamente una, dos y cien veces; y por eso estás así y yo así no estoy. Tu pierna tocó mi mano: mi mano no sirve más!domingo, 8 de marzo de 2009
y también mi plaza;
Un doble seis en los dados y el último elefante se trepa urgido por la hora a la palmera azul, esa otra que no aplastó a la nena boba aquella vez que no fue tan imbécil. Más acá grita y llora sin consuelo -confundida y me confunde- la gitana por el aborto que no fue y por la hija que perdió; o será por el aborto que perdió y por la hija que no fué. La cola del medio es la cola del mono que no avanza más allá del licor de oferta cuando la impaciencia -torrada de más- volcó su café negro en la camisa color lunes mientras el topo plegaba torpemente su diario, dejando caer las primeras encuestas favorables. Alejado y desconociendo al grupo: su grupo, agita inútilmente la nube de mala yerba quemada como si aleteo borrase los vuelos de su reciente viaje. Ciega y babeante, la inagotable espuma de jabón barato rebasa desprolija babeante el nivel de la fuente como si fuera un rabioso mastín echado ahogando en saliva caliente los sapos de bronce. No hay paloma en San Juan que no se prive de cagarle reiterada y obsesivamente la cabeza al Gran Maestro en su incólume imagen monumental que alguna vez miró al Palacio y ahora espaldea a la vida. El temblor esta vez fue más que eso y todos los que no temían cubrieron con sus almas la grieta profunda que alguna vez se robó merecidamente mi plaza que nunca supe disfrutar.lunes, 16 de febrero de 2009
de tapas
Ojal
domingo, 11 de enero de 2009
cantidades
Cuántos... padres lo serán desde esta madrugada? madres no querrán serlo nunca? hijos renegarán su origen siempre? abuelos llorarán a sus abuelos? nietos se imaginarán con nietos? amores llorarán partir para no volver? odios gozarán llegar para quedarse? dolores desaparecerán con la muerte? sonrisas alegrarán mis días?miércoles, 31 de diciembre de 2008
alimento balanceado
Como el ciclo de la vida. Todo pasa y todo queda. Podria arriesgar que fue el año del perdón.
Perdón a todos los que herí. Perdón por los malos momentos. Por las heridas. Por no besar más ni decir te amo. Por el tiempo perdido con los que ya no están. Por reir poco. Por pensar erradamente en finales de camino. Por llorar mal. Heridas que felizmente sangran en tu nombre: enero de chiles serenos. La fiebre de escarmiento mostró sus fauces al febrero caótico sin el menor tapujo. Mar de calma mala, marzo marca más maldad. Ocres de un abril meloso pero vengativo. Cuando la turba de un viaje lejano rompió a manotazos las sucias vendas que cubrían el mayo mentiroso todo tornó ominoso. Juegos salvajes e inmorales cubrieron de luz la mortaja final y junio se llevó algo de años cerca y lejos de mi. El dragón y sus anginas galopantes desmerecieron los gritos agónicos de mi julio. Las nubes se arrastraban bajo el mar aún sin el permiso de agosto que miraba azorado un festejo adelantado que olía a venganza prematura. Las sirenas cantaron la música errada porque la inmadurez no abandonó sus vicios cuando sabía que los septiembres siempre traen pestes.
Brillante e inesperado fue el fruto de la cosecha tardía y así el embate redundante bañó la espuma seca de un octubre mágico y místico. Los jacarandáes signaron de disparos celestes por años mis noviembres hasta que un destello camb ió sus matices.
Por fin ancló en el puerto seco y descendió abierto y pleno, sonriente y honesto, esperando este tonto diciembre más paz y amor como en siglos no anhelaba. Se partió la copa. Como el ciclo de la vida. Todo pasa y todo queda. Podria arriesgar que fue el año del perdón.
Perdón a todos los que herí. Perdón por los malos momentos. Por las heridas. Por no besar más ni decir te amo. Por el tiempo perdido con los que ya no están. Por reir poco. Por pensar erradamente en finales de camino. Por llorar mal.
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